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La primera visita al dentista

Recuerdo que de pequeña ir al dentista era casi como una excursión. Nos montábamos en el coche, veinte minutos largos en carretera y acabábamos en la consulta de un señor alemán amigo de mi madre que residía en un pueblecito a las afueras de Sevilla. Nos sentábamos en unas sillas de madera con diseño de oso panda a esperar. Creo que hasta nos poníamos a dibujar, mis hermanos y yo. En mi caso las visitas eran rápidas: apenas tomaba chucherías y nos revisaban la dentadura una vez al año. “¿Usas el cepillo eléctrico?” recuerdo que me preguntaba siempre este señor, con barba y bata verde, tan serio y tan guasón a la vez que no había por dónde cogerlo, y yo respondía como una santa que sí, claro que sí, todos los días. No era del todo cierto pero sí era verdad que cada uno tenía entonces su correspondiente cepillo eléctrico en el cuarto baño, cada goma de un color. Y que antes de dormir no había forma de escaquearse de la pregunta: “¿Te has lavado ya los dientes?”

Educación. Lo es todo para adquirir un hábito como el de la higiene bucal. Como tantos otros hábitos. Niño, cepíllate. Niño, los dientes. ¿Qué niño lo hará voluntariamente? La clave está en acostumbrarlos desde que son renacuajos: a cepillarse regularmente en casa y a acudir al dentista como algo natural, como quien va al parque de atracciones una vez al año. Pero más de uno se preguntará: ¿Cuál es la edad idónea para empezar con las revisiones y cuándo darle a un niño su primer cepillo de dientes?

Los dientes de leche importan

Los dientes son para toda la vida. Los de leche obviamente no, pero estos ya preservan el espacio en las mandíbulas para cuando nazcan los permanentes, que comienzan a crecer  invisibles bajo las encías. Así, si un bebé pierde sus dientes de leche demasiado pronto puede ocurrir que los permanentes se desplacen hacia ese espacio vacío y crezcan torcidos o amontonados en un futuro.

Los primeros dientes de un bebé se asoman en la boca en torno a los seis meses de vida, y se supone que la dentadura completa sus 20 piezas de leche a los tres años. Más o menos, cada criatura a su ritmo. Después del nacimiento, lo recomendable es esperar unos días y empezar entonces a lavar la boca del bebé suavemente, limpiando sus encías: para ello podemos usar una gasa húmeda, la punta de una toallita mojada o un dedal de silicona. Así eliminaremos las partículas de comida. Hacer esto dos veces al día, por la mañana y por la noche. Y continuar ya siempre con esa frecuencia.

La primera visita al dentista

Si no existen alteraciones, lo ideal es llevar al pequeño por primera vez al dentista en el momento en el que empiezan a salirle los dientes primarios, es decir entre los 6 meses y sobre todo a partir del año de vida. Él o ella ni se enterará. Especialmente durante el periodo de recambio es fundamental revisar el crecimiento de la mandíbula, la correcta erupción de la nueva dentadura y descartar patologías como las caries. Siempre que existan dientecillos de leche, las caries pueden empezar a existir también.  

¿Y cada cuánto llevarlo al dentista? La Asociación Dental Hispana (ADH) recomienda por ejemplo continuar con dos citas anuales hasta que los niños cumplan tres años de edad. A medida que van creciendo, lo normal es que estas revisiones pasen a realizarse una sola vez al año. De todos modos esta es una pauta relativa: puede que tras hacer una valoración individual llegue el especialista y diga revisión anual de qué, os doy ya cita para el mes que viene.

Pasta de dientes: ¿buena o mala para bebés?

Existe la creencia popular de que hasta los dos años no se debe usar pasta de dientes… Pero esto parece ser falso: desde la aparición de las primeras piezas dentales es recomendable utilizarla. Se ha demostrado que el flúor que contiene previene la aparición de caries. Pero ojo, su exceso puede alterar el esmalte de los dientes en formación y provocar manchas. Por ello la cantidad de crema dental que aplicaremos sobre el cepillo ha de ser progresiva y controlada:

  • Entre los 6 meses y los 2 años, lo equivalente a un granito de arroz.
  • Entre los 2 y los 6 años, la medida de un guisante.
  • En mayores de 8, 1 cm de pasta sobre el cepillo.

También hay que estar siempre pendiente de que no se traguen la pasta. A partir de los 3 años,  ya deben empezar a cepillarse solitos.

A más prevención…

Menos tiempo y dinero en consulta. Los dentistas también recomiendan:

  • Que el cepillado dure al menos dos minutos.
  • Al terminar, mejor escupir que enjuagarse la boca con agua.
  • ¡No endulzar los chupetes! Nada de miel ni mermelada.
  • Agua, en lugar de zumos: los niños que beben zumos multiplican por tres el riesgo de caries. Quien dice zumos dice bollería, chuches y exceso de productos azucarados en general.
  • Enseñarles a usar seda dental.
  • Evitar amenazas y castigos: es importante dejar la higiene dental para un momento del día (después de la comida) en el que el niño esté relajado.
  • ¡Cepíllate con él! Los niños copian lo que ven, e integran lo que copian. Los adultos somos sus modelos a seguir.

El cepillo de dientes como “juego”

Un último consejo. Los niños son seres flexibles e imaginativos; incluso la experiencia más pesada se les puede plantear como un “juego” si se les alienta verla y a sentirla de esa manera. ¿Por qué no convertir el momento del cepillado en una actividad agradable para ellos? Hoy en día existen cepillos de dientes inteligentes como el Grushgamer que además de medir con precisión la técnica empleada, utilizan juegos interactivos para motivar a los más pequeños: así, mientras se lavan los dientes cazan en una pantalla a seres malvados escondidos en su boca, obtienen puntuaciones, componen canciones al ritmo del cepillo… La idea en sí es genial: convertir “obligación” en diversión. ¡Ya nos hubiese gustado a muchos disfrutarla hace años!

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