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Glucómetros inteligentes

En el libro de medicina Sushura Samhita, escrito en la India siglos antes de Cristo, se hablaba de “una extraña enfermedad propia de las personas pudientes, que comen mucho dulce y arroz y tienen la orina pegajosa”. Poco se sabía entonces de cómo funcionaban los niveles de glucosa en nuestro cuerpo. Hoy sabemos que la diabetes es una enfermedad crónica que aparece cuando el páncreas no produce suficiente insulina (diabetes de tipo 1) o cuando el organismo no utiliza eficazmente esa insulina que produce (diabetes de tipo 2). Esta última es conocida también como la diabetes “del adulto” y supone al menos un 90% de los casos. La llaman la epidemia del siglo XXI, puesto que está en parte relacionada con nuestros hábitos alimenticios, exceso de comida, sedentarismo y estilo de vida contemporáneos. Raro es el paquete de supermercado que no contenga en su etiqueta azúcares añadidos. Obesidad e inactividad física, pero también genética. La diabetes es la cuarta causa de muerte en países desarrollados y se prevé que vaya a más. Pero gracias a los avances en medicina contamos a día de hoy con numerosas pautas para sobrellevarla e incluso con métodos alternativos al glucometro tradicional para controlar en todo momento nuestros niveles de azúcar.

Niveles de glucosa en nuestro cuerpo

A la glucosa que circula por la sangre se le llama glucemia. Según sus niveles, hablamos de tres situaciones:

  • Hiperglucemia: cuando los valores de glucosa en sangre de una persona son anormalmente altos (superiores a 100mg/dl).
  • Normoglucemmia: valores normales, entre 70 y 100 mg/dl.
  • Hipoglucemia: valores por debajo de 55 mg/dl o menos; es decir, bajos.

¿Cómo medir el nivel de azúcar en sangre?

Las personas que sufren de diabetes deben tener siempre a mano un medidor de glucosa o glucómetro. Basta un par de minutos y unas gotas de sangre para poder conocer nuestros niveles y tomar las decisiones adecuadas para mantenerlos a raya, evitando así posibles complicaciones. Un glucometro convencional se compone de una lanceta o aguja fina, con la que obtienes la muestra de sangre, unas tiras reactivas que la analizan y el dispositivo en sí, que nos muestra en la pantalla los resultados.
Pero pincharse el dedo varias veces al día puede resultar incómodo para algunos, molesto e irritante para la piel. Es por ello por lo que cada vez más se están implantando los llamados glucometros no invasivos: los hay que funcionan con finos “parches” y los hay también más modernos que funcionan a base escaneo, como el FreeStyle Libre. Con este último modelo en un solo segundo obtenemos los resultados; nos permite hasta escanear a través de la ropa, y usarlo mientras una se toma un baño, practica natación u otro deporte. Con cada escaneo se muestran los valores actuales de glucosa y aquellos registrados hasta las últimas 8 horas.
Incluso existen ya aplicaciones como gluQUO para quien quiera entrar en detalles: además de analizar esta App te da la opción de exportar esos datos, te sugiere cuánta cantidad de insulina has de administrarte y te ofrece un seguimiento diario de rutinas de comida, actividad física, carbohidratos consumidos…

La importancia de los buenos hábitos

Como hemos dicho antes, no todo es genética. Llevar una rutina sana puede ayudar a prevenir complicaciones y hay muchos hábitos que están a nuestro alcance:

  1. Controles regulares de glucosa: se recomienda realizar entre 5 y 6 al día, antes de cada comida y antes de ir a dormir para ajustar la pauta de insulina si fuera necesario. Si se realiza ejercicio conviene hacer un análisis antes, durante y después de la actividad.
  2. Planificación de comidas: cada persona es un mundo y requiere necesidades corporales diferentes; lo ideal es colaborar con un médico o nutricionista especializado que especifique la adaptación de nuestra alimentación. Es recomendable eso sí evitar comidas que contengan gran cantidad carbohidratos: estos aportan energía a nuestro cuerpo y son necesarios para su metabolismo, pero en exceso aumentan el azúcar en sangre.
  3. Mucha agua: Las personas con diabetes tienen mayor riesgo de deshidratación y suelen tener más sed cuando se produce hiperglucemia: esto se debe a que el nivel elevado de glucosa en sangre provoca que los riñones intenten eliminar el agua en forma de orina.
  4. Ejercicio regular: el tipo y la intensidad dependerá de la edad y condición física de cada persona. Se ha descubierto incluso que el ejercicio moderado en mujeres embarazadas ayuda a paliar la diabetes gestacional, que existe también y puede darse durante el embarazo.
  5. Revisiones periódicas: es conveniente controlar además la presión arterial, los niveles de colesterol, el estado de la retina (revisiones oftalmológicas) así como de nuestros pies, para detectar a tiempo problemas de circulación y otras complicaciones.
  6. No alterar ni abandonar la medicación.
  7. Aprender a convivir con la diabetes: es quizás uno de los puntos más importantes; educar para promover el control responsable e individual de esta enfermedad a través de un tratamiento constante de la misma. Que medios como hemos visto hoy, los hay hoy en día en países desarrollados de sobra.

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